Lalita sobre mulheres negras na Cuba colonial



Lalita

Note-se como procuravam desqualificar a mulher com essas considerações, “devido a sua anatomia e a seu caráter carente de razão se considerava que os trabalhos apropriados para elas eram os que não requeriam força física bruta nem o exercício do intelecto”. Ignorando o fato de que as negras trabalhavam não só por uma remuneração, mas, como escravas, eram mão de obra no trabalho duro do corte de cana e outras tarefas agrícolas ao lado dos homens. Nas tarefas domésticas e nos ofícios de vendedoras nas ruas, nada suaves naquela época. Quanto ao intelecto, muitas delas já se haviam destacado como obstretrizes, professoras de escola, professoras de música, poetisas e hábeis comerciantes.



Geledés, 15 de janeiro de 2015

Via @leleflorosa

Varias personas me han preguntado por el libro que Inés María Martiatu (Lalita) dejara inédito al morir y que ganó la mención del Premio Extraordinario de Estudios sobre la presencia negra en América y el Caribe de Casa de las Américas en el 2012.
¿Y las negras qué? Pensando el afrofeminismo en Cuba es el título de ese volumen que continúa sin publicarse y que sin dudas, cuando salga a la luz pública, iluminará muchos espacios de la historia de las mujeres negras y mestizas en la cultura nacional y también “ennegrecer” el feminismo de la Isla, el cual sigue siendo contado por voces blancas y con discursos blanqueados.
Gracias al intelectual Alberto Abreu Arcea, les puedo compartir el siguiente fragmento de ¿Y las negras qué?, el cual versa sobre las escritoras afrocubanas en el siglo XIX. Una oportunidad invaluable de volver a leer a nuestra Lalita.

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Para acessar o PDF reproduzido abaixo, clicar aqui.
O mesmo texto em Word pode ser baixado aqui.
Vários textos sobre o afrofeminismo em Cuba aqui.


ESCRITORAS AFROCUBANAS EN EL SIGLO XIX.
ANTECEDENTES DEL FEMENISMO NEGRO EN CUBA.

Inés María Martiatu (Lalita)

“Me siento orgullosa de pertenecer a una raza que por sí sola y a
costa de sacrificios, procura elevarse a la altura de las demás y lucha,
trabaja y estudia para vencer (…) bastante tiempo hemos tenido el
dogal y la mordaza, tanto tiempo hemos callado, así pues el espíritu
del siglo reclama que nuestra voz se levante.”
Úrsula Coímbra (1888)

En esta etapa del siglo XIX se fundaron y circularon numerosas revistas literarias y de temas generales dedicadas especialmente a las mujeres. Alrededor de ellas se agruparon estas poetisas y periodistas. Ramillete Habanero (1854), Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello (1860), La Noche (1864), El Céfiro (1866), Las Hijas de Eva (1874), El Recreo de las Damas (1876), El Álbum de Matanzas (1881), La Armonía (1882), La Familia (1884), Minerva (1888), La Mulata (1891), La Cotorra (1891), Revista Blanca (1894). Si repasamos los títulos de estas publicaciones podemos concluir en que la mayoría de ellas reflejan el ámbito exacto en que se quería confinar a la mujer. Podemos también saber qué escribían y sobre todo qué leían las mujeres de las clases altas.

Debemos destacar que en aquella época una parte muy exigua de la población sabía leer y escribir y que incluso en ciertos círculos de la clase media y alta se consideraba superfluo impartir instrucción a las mujeres más allá de lo necesario para administrar un hogar y para entretener el ocio. Por lo tanto en estas revistas tienen un lugar importante los temas ligeros, la moda, las labores de aguja, bordados, tejidos y alguna que otra pieza fácil de interpretar al piano y otras que resalten la naturaleza que se le atribuía por esencia al “bello sexo”. En ellas no se complejizan ni denota problemática alguna más allá de lo ligero, lo ingenuo, lo inocuo, el entretenimiento, que no les dejan espacio a pensar en su verdadera condición. Pocas veces se iba más allá de ese discurso en el contenido de sus secciones.

En ese panorama la revista Minerva es una excepción. En cuanto se denomina Minerva “Revista quincenal dedicada a la mujer de color”. Ya en su nombre sabemos que estaban particularizando. No se trata de “la mujer”, sino precisamente de la mujer “de color”, con una condición bien conocida por todos en los estamentos de la colonia en que deberemos  situarla. Y como muy agudamente señala la Doctora María del Carmen Barcia:

El nombre elegido era altamente alegórico y representativo de los intereses que las animaban, pues la diosa de ese nombre había sido para los romanos la personificación de la sabiduría, a la vez que la protectora de las artes y de las ciencias. A diferencia de la Eva bíblica, -nacida de una vulgar costilla del primer hombre común para servirlo y obedecerlo-, Minerva había aflorado de la cabeza de Júpiter, divinidad suprema del panteón romano; es decir, de su intelecto. Era además guerrera y por ende decididamente valiente y combativa. [1]

Intelectual y guerrera, dos cualidades que habrían de destacarse en la mayoría de las mujeres escritoras de Minerva. Ellas sabían muy bien a la lucha a que se enfrentaban para dejar escuchar sus voces y reclamos desde su condición de mujeres y de negras en la sociedad colonial.

El grupo de poetas y escritoras negras y mestizas que se nuclearon alrededor de la revista Minerva hicieron honor a su nombre y a sus propósitos. Y como veremos, fueron capaces de articular un discurso en que abordaban temas tales como la reivindicación de su identidad y de su africanía, la experiencia de la esclavitud, el orgullo racial y la exhortación a la superación cultural. Estos contenidos ya denotan un pensamiento feminista en que se cruza lo racial, para constituir un muy temprano antecedente del feminismo negro en Cuba.

La mujer negra en la colonia

La imagen de la mujer negra en la colonia se ha prestado no sólo a la enunciación de arquetipos sino a una generalización abusiva que está muy lejos de la compleja realidad de la sociedad colonial dividida en estamentos. Debemos tener en cuenta que la trata, o sea la entrada de negros y negras desde África, aunque fue prohibida oficialmente en 1817, continuó de forma clandestina. Un grupo enorme de mujeres y hombres esclavizados, recién llegados a la isla, sin conocer el idioma ni las costumbres y segmentados en etnias diferentes, iban incrementando la población negra. Convivían con los negros que habían llegado siglos atrás y que habían sufrido un proceso de adaptación e integración al medio. Muchos de ellos y ellas constituían grupos de artesanos y trabajadores urbanos libres y algunos ya habían alcanzado el status de clase media, la llamada clase media de color, constituida por negros y mulatos libres, practicando profesiones, participando en la vida económica y social de la colonia e integrados al Ejército en los Batallones de Pardos y Morenos y a las Cofradías de la Iglesia Católica [2].

En cuanto a la mujer negra y mulata, debemos destacar aquí el asombroso y rápido grado de adaptación que se puede observar en el desempeño de muchas de ellas. La esclava de plantación se destacó por su rebeldía, su participación muchas veces protagónica en los levantamientos y sublevaciones, en la organización de los palenques, conque desafiaba al poder colonial basada principalmente en los perjuicios a la industria azucarera en los ingenios.

Sin embargo fue debido al desarrollo de la vida urbana en la colonia que muchas de esas mujeres negras y mulatas lograron redimirse de su condición de esclavas y una vez libres lograr un status económico nada despreciable y en corto tiempo.

Aquí debemos analizar una vez más lo que he llamado el “síndrome Cecilia” [3]. Las “Cecilias”, mulatas arribistas que solamente veían su superación personal a través de la unión con una variante criolla del “príncipe azul”, encarnado en el señorito rico de la época que les permitiría “adelantar la raza”, o sea “blanquearse”. Y lograr así el bienestar  económico que pocas veces obtenían en la realidad. Este personaje ha sido popularizado hasta nuestros días en la literatura y el teatro. Una de las realidades que esconde la difusión del síndrome Cecilia es la capacidad que tenían la mayoría de las mujeres negras y mulatas para actuar de manera independiente en la sociedad sin la sombra paternalista del hombre. En estudios del historiador Deschamps Chapeaux, este destaca el desempeño de estas mujeres en oficios y profesiones que les permitieron alcanzar un nivel económico y un lugar de prestigio hasta donde la sociedad colonial se los permitió [4]. Más recientemente se han realizado varios estudios muy importantes por parte de historiadoras que han dado una nueva luz a la imagen de las mujeres negras y mulatas de la época colonial. Basándose en documentos y en una minuciosa investigación, tenemos los trabajos de las historiadoras Oilda Hevia, en La Habana, y de María Cristina Hierrezuelo, en Santiago de Cuba. Ellas nos ofrecen una realidad muy diferente de la mostrada frecuentemente. Todas las negras y mulatas no eran Cecilia, todas no tenían las aspiraciones de Cecilia, la mayoría de ellas, desde el cañaveral, los cafetales, las minas, las esclavizadas o libres en las ciudades, con sus humildes y duros trabajos domésticos, con su gestión como vendedoras ambulantes, regenteando negocios y como prostitutas ganaban sus vidas y la manutención de sus hijos y contribuyeron notablemente a la economía de la colonia.

En su interesante trabajo Oilda Hevia refiere:

…a finales del siglo XVIII, vio la luz la Real Resolución del 12 de junio de 1784, que autorizaba a las mujeres a trabajar en actividades remuneradas, especificando que debían hacerlo en oficios propios de su sexo, ya que debido a su anatomía y su carácter carente de razón se consideraba que los trabajos apropiados para ellas eran los que no requerían de la fuerza física bruta ni del ejercicio del intelecto como el Derecho o la Medicina [5]. Sin embargo probablemente esta ley se refería a las mujeres blancas, ya que las negras libres trabajaban a cambio de remuneración ya desde el siglo XVI, casi siempre en oficios propios de su sexo [6]. 

Véase cómo trataban de descalificar la mujer con estas consideraciones, “debido a su anatomía y su carácter carente de razón [7] se consideraba que los trabajos apropiados para ellas eran los que no requerían de la fuerza física bruta ni del ejercicio del intelecto”. Ignorando el hecho de que las negras trabajaban no sólo por una remuneración sino que como esclavas eran mano de obra en las duras labores del corte de caña, y de otras tareas agrícolas al lado de los hombres. En los trabajos domésticos y en lo oficios de vendedoras en las calles nada suaves en aquella época. En cuanto al intelecto, ya se habían  destacado muchas de ellas como comadronas, maestras, profesoras de música, poetisas y hábiles comerciantes.

Debemos destacar, que una parte considerable de las mujeres que lograron construirse una pequeña fortuna, comenzaron desempeñándose como esclavas y en esos oficios humildes, lo cual demuestra que saber desempeñarse en un oficio, fue fundamental para que las personas negras pudieran adquirir su libertad y lograr ascender económicamente. [8]

Las fechas a que se refiere esta investigación documental de Hevia, 1800-1860, desmienten el criterio sostenido por algunos ensayistas, de que la clase media negra había sido completamente arruinada y destruida con la represión, la incautación de bienes y la masacre de la Conspiración de la Escalera en 1843-44. Con este argumento tratan de fundamentar la no existencia de una clase media de color aún en tiempos de la república y la hacen desaparecer completamente sin una base documental sólida. Lo cierto es que estos datos que aporta Hevia corroboran todo lo contrario. Igual veremos en el libro de Deschamps en que aparecen testamentos de negros y mulatos, varios de ellos que sufrieron la represión de la Escalera y murieron muchos años después dejando bienes de fortuna a sus herederos. Tal es el caso del funerario Félix Barbosa, dueño del negocio de esa clase con mayor duración en La Habana, murió en 1870. En su testamento consigna la propiedad de esclavos, bienes inmuebles, dinero en efectivo y otros. [9]

La citada investigadora María Cristina Hierrezuelo nos ofrece en su libro un cuadro muy parecido en la ciudad de Santiago de Cuba. Apoyándose también en una base documental, ella ha encontrado principalmente en archivos notariales la prueba de la activa gestión económica de mujeres negras en esa ciudad, con la peculiaridad de que la mayoría eran nacidas en África, por lo que lograron movilidad social y ascenso económico en las adversas circunstancias de la sociedad colonial extraña para ellas en todos sentidos y muchas veces permaneciendo solteras, por lo que no puede atribuirse su éxito al matrimonio. [10]

Un ejemplo interesante nos lo ofrece la Dra. María el Carmen Barcia en su libro Los ilustres apellidos. Negros en La Habana colonial. En este caso se trata de la célebre Úrsula Lambert, una negra haitiana con educación y gestora de negocios. Ella regenteó junto al alemán Cornelio Souchay uno de los cafetales más importantes de su época, el famoso “Angerona”, en Pinar del Río, cuyas ruinas aún dejan ver el esplendor de que gozó en su época. Los amores de la Lambert con Souchay han sido objeto de recreación artística. Ella ha sido descrita como una especie de cortesana negra sumisa, afortunada y mantenida que logró su status por la protección del blanco, rubio, rico y alemán Souchay. Barcia revela ciertos aspectos de su testamento que dejan ver todo lo contrario. Lo cierto es que esta mujer se desempeñaba como próspera comerciante en La Habana, años antes de conocer al alemán. Desde su negocio ella abastecía al Angerona En su testamento declara, entre otros bienes, préstamos a Souchay por un monto de 20.000 pesos. Se olvidan sus dotes de mujer de negocios, su capacidad e inteligencia. Toda una operación de paternalismo androcéntrico y racista que niega a la mujer negra la excelencia en los negocios y la independencia. Úrsula Lambert sobrevivió a su amante. Este le dejó una pensión vitalicia de 1.200 pesos anuales, no por filantropía ni para pagar sus favores amorosos, sino a condición de que ella no reclamara los 20 000 pesos que le debía [11]. Al morir la Lambert en La Habana a los setenta años de edad, dejó a sus herederos la fortuna administrada por ella.

Se sabe que La Habana, por su posición geográfica, era un importantísimo centro portuario, fundamental para el comercio y comunicación con el Nuevo Mundo. Aquí llegaban cientos de viajeros que había que alojar, alimentar, y entretener. Este hecho lo corroboran numerosos viajeros en sus crónicas. Los esclavos y los negros y mulatos libres casi monopolizaban el importante sector terciario de la ciudad.

Las negras libres participaron muy activamente en la economía de servicios de las ciudades, como dueñas de pequeños establecimientos y de otros bienes muebles e inmuebles. También como vendedoras en las calles y en el mercado y eventualmente como prostitutas. Este no es un hecho propio del siglo XIX, sino que este grupo comenzó a hacerse visible, casi desde los inicios de la colonia. [12]

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[1] Barcia Zequeira, María del Carmen. “Mujeres en torno a Minerva.” En: Revista La Rábida, no. 17, 1998, Huelva (España).

[2] Deschamps Chapeaux, Pedro y Juan Pérez de la Riva. Contribución a la historia de la gente sin historia. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974.

[3] Me refiero a la protagonista de la novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, del escritor Cirilo Villaverde.

[4] Deschamps Chapeaux. Ob.Cit.

[5] Hernández Fox, Leonor Arlen. El Divorcio en la Sociedad Cubana (1763-1878). Editorial de Ciencias Sociales, 2007. pp. 17 y 22.

[6] Hevia, Oilda. Mujeres libres de color dueñas de una pequeña fortuna en La Habana colonial del siglo XIX. (1800-1860). (inédita).

[7] El subrayado es mío.

[8] Hevia, Oilda. Ob. Cit. p.2

[9] Deschamps. Ob. Cit. p. 13

[10] Hierrezuelo, María Cristina. La mujer de color en la sociedad colonial Santiaguera. En: Las olvidadas hijas de Eva. Santiago de Cuba: Ediciones Santiago, 2006.

[11] Barcia, María del Carmen. Los ilustres apellidos: Negros en La Habana colonial. Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 2009, p.368.

Sobre Ani

Outros que contem passo por passo | Eu morro ontem | Nasço amanhã | Ando onde há espaço: | – Meu tempo é quando. ~Vinicius de Moraes~
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